En una reciente entrevista en Madrid, el director polaco Kryzsztof Zanussi respondía con asombrosa hondura a las preguntas del periodista Juan Orellana. Sus palabras eran una muestra inequívoca de la vocación humanista de su cine y de la responsabilidad de quien maneja las imágenes y pretende ser espejo de su tiempo y sociedad. Con ese presupuesto, me permito recoger a continuación el breve pero enjundioso encuentro, que a más de uno daría que pensar.

¿Qué cualidad valora usted más en un alumno de cine?
Para mí, hacer cine significa comunicar a los otros una cierta sabiduría y una cierta experiencia, experiencia acumulada por los siglos en las estructuras narrativas. Eso es lo primero que les planteo a los alumnos: si no hay nada en su experiencia digno de ser contado, no creo que me pueden contar las historias de los demás; si llevan una vida banal, da igual los estudios que tengan. Lo que importa es la experiencia de vida. En Rusia, los estudiantes de los últimos años tienen unas biografías fascinantes. Muchas veces falta talento, pero la vida que cuentan esos jóvenes de 24 o 26 años es muy rica, muy compleja y dramática. En cambio, otros alumnos occidentales sólo pueden contarme lo que conocen de la televisión. Pero eso no me interesa como cineasta. Eso puede valer para las telenovelas, en las que no hay expresión de la sensibilidad particular de una persona.
¿Por qué este último tipo de trabajo no le parece creativo?
No es nada creativo porque no hay contacto con el Misterio. Sin el contacto con el Misterio, no hay creatividad. El Misterio tiene que ver con nuestros deseos de entender la vida. La relación con el Misterio es un proceso muy dramático y dinámico. Tendemos al infinito, damos pasos hacia él, pero el infinito es siempre inalcanzable. El problema es el contrario: cuando falta el Ideal y la gente se contenta con la vida tal como es. Cuando eso ocurre, ya no hay nada que contar en una película.

Hoy hay, más que nunca, jóvenes que manejan muy bien las técnicas audiovisuales, pero no hay mejor cine.
Saber sólo técnica cinematográfica es como saber sólo caligrafía. ¿De qué sirve? ¿Qué me importa si Dostoievski tenía una buena caligrafía? En el audiovisual tener sólo buena caligrafía te puede servir para la publicidad o para cierta televisión. No para el cine.
Usted habla del valor de la propia experiencia, pero no todas las grandes películas se basan en la experiencia personal del director.
No quiero decir que sea obligatorio para cada autor contar su biografía. Al contrario, eso es algo excepcional. Me refiero a que, con cierta experiencia de la vida, es más fácil hacer un diagnóstico de la existencia. Muchos jóvenes de hoy no sienten la necesidad de diagnosticar la vida, de preguntarse por qué las cosas duelen, por qué las cosas van mal… En los guiones de muchos jóvenes realizadores occidentales actuales, cada escena representa una visión del mundo separada, distinta de la siguiente: no hay una visión coherente, sólo se tratan aspectos por separado. Esta fragmentación de la visión del mundo es el motivo por el que muchas veces las películas carecen de integridad.

Volviendo al tema de la publicidad y de cierta televisión, ¿qué influencia negativa ejercen sobre el cine?
La publicidad tiene el poder de destruir la belleza, hacerla kitsch y predecible. Si la belleza es previsible, es falsa e inaceptable. Si yo veo el sol ponerse en el horizonte, ya lo asocio a la publicidad de Egypt Air, por ejemplo. Ya no puedo utilizar esa imagen en mi cine, porque la han banalizado. Muchas imágenes, nobles en su origen, han sido banalizadas y ya no funcionan. Por eso, por ejemplo, para mí David Lynch tiene ese defecto. El cine de Lynch está muy cerca de la estética de la publicidad y de la televisión. Por eso no me seduce. Hay en cambio otras películas sencillas, con una belleza escondida, menos evidente, pero profunda. El arte no es un objetivo en sí mismo, es un instrumento para la vida. Lo importante es el éxito de mi existencia. Si el arte es sólo un pasatiempo, es una pérdida, una autodestrucción.
¿Cuál es su relación con el público?
Para mí, el mérito no es rodar una película, es conseguir un espectador con el que dialogar. Es un privilegio encontrar alguien que te dedique dos horas de su vida en una sala de cine. De todos los recursos del planeta hay uno que se ha agotado: la capacidad de atención. Por ello es un privilegio ser escuchado. Un privilegio, no un derecho.
En las imágenes: Krzysztof Zanussi durante su estancia en España, y fotograma de “Persona non grata” - © 2008. Kairos, Three T Productions, Zespol Filmowy “Tor”. Todos los derechos reservados.
Publicado el 23 febrero, 2009 | Categoría: Colaboraciones, Directores, Opinión, Polonia
Etiquetas: cine, existencia, Krzysztof Zanussi
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24 febrero, 2009. 8:53 pm
!!Qué profundo!!!, me han encantado sus respuestas, aún más que las preguntas. Y la humildad que le lleva a agradecer al público que le dedique dos horas de su tiempo, fantásctico, lo seguiré de cerca, gracias.