Un viaje a través del cine, con el hombre
y la sociedad como protagonistas

“Si la cosa funciona”: Gusanos en un mundo que se desmorona

[6/10] Todo está permitido en el universo de Woody Allen, si con ello se obtiene un poco de felicidad en este mundo decrépito de gusanos anormales y reprimidos sexuales, de crédulos trasnochados y tradiciones que viven del tópico. Al menos eso es lo que se desprende de “Si la cosa funciona”, comedia que supone la vuelta a casa tras su periplo europeo y donde retoma sus obsesiones de siempre, su visión cínica y sarcástica de la condición humana, y su narrativa más ágil de diálogos corrosivos lanzados como dardos envenenados que no tienen desperdicio. Por las calles de Nueva York y como en sus mejores tiempos, Woody Allen necesita un alter ego que hable por él al espectador y le trasmita su visión pesimista y desesperanzada de la vida, su desenfado y su estar de vuelta de todo hasta llegar a un suicidio de broma, con gracias y chistes ingeniosos que todo lo pongan todo y relativicen la triste realidad.

Nada escapa a su verbo viperino y nada es tomado con gravedad ni de manera solemne: la vida y la muerte, la familia y la religión, el amor y el sexo… todo se agua para retratar una sociedad superficial que se nutre del pensamiento débil imperante, y del que el propio cineasta participa conscientemente. A Woody Allen no importa la verdad de lo vivido ni de lo transmitido, porque lo único que es necesario salvar es ese sentimiento de felicidad efímera que, por azar y en medio del caos que nos gobierna, a veces aparece en nuestro camino y que hay que disfrutar sin mayores planteamientos. Es el carpe diem del instante, libre de compromiso y normas estables, donde tiene cabida cualquier tipo de relación, combinación –hasta un ménage à trois– y duración, donde todo sirve “si la cosa funciona”… aunque lleve el sello de la caducidad y del fracaso. Dios ha muerto para el director de “Match Point” –el creyente vive en un estadio mental infantil y frustrante, dice su personaje– y el hombre se ha erigido en señor de su pequeño mundo gobernado por la mecánica cuántica y las adivinas. Esa es la posmodernidad en la que hay que sobrevivir al naufragio, preparando el jaque mate al contrincante, que es un pequeño gusano insoportable, o tratando de apurar las gotas posible de felicidad.

Con semejante planteamiento, el extravagante y jubilado Boris trata a niños y mayores con la brusquedad de su carácter y la altivez de su ego, sumergido en su hipocondría y obsesionado por la muerte. Es un nuevo –pero el mismo de siempre– Woody Allen, que se dirige al espectador desde el plano inicial para contarle su historia, que hace gala de una verborrea y desparpajo desbocados, que mira a cámara con insolencia y a la vida con desencanto y despego. Larry David le da esa desfachatez y esa mirada escéptica y pseudointelectual, que no resulta pedante –siéndolo en realidad– gracias a su frescura interpretativa y al buen hacer del Woody guionista –aunque decae en su artificioso y complaciente desenlace–, capaz de parecer ligero y fatuo cuando transmite toda la carga de un pensamiento de mínimos. En las antípodas de Boris está la ingenua y de pocas luces, pero buena y atractiva, Melody para equilibrar el mundo y hacer creer al espectador que algo puede salir adelante en esa extraña relación, con una Evan Rachel Wood que le da toda la candidez e inmadurez propias a su personaje. Su esperpéntica madre es interpretada por Patricia Larkson, que levanta otra pieza más en ese universo de débiles convicciones y deseos reprimidos… entre quienes tratan de buscar su lugar en el mundo.

Personajes ligeros que hacen entretenida –y a ratos ingeniosa, pero nunca original– esta nueva historia de Nueva York, con una puesta en escena de apariencias y situaciones imposibles, y con unos diálogos fluidos e inconsistentes en su argumentación, muy en sintonía con un mundo que se desmorona y con una condición humana no muy bien considerada. Los admiradores de Woody Allen se reencontrarán con su autor de siempre que vuelve con un divertimento corrosivo y mordaz, pero narcisista y repetitivo.

Calificación: 6/10

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En las imágenes: Fotogramas de “Si la cosa funciona” – Copyright © 2009 Wild Bunch, Gravier Productions y Perdido Productions. Fotos por Jessica Miglio. Distribuida en España por Tripictures. Todos los derechos reservados.

Publicado el 6 octubre, 2009 | Categoría: 6/10, Año 2009, Comedia, Críticas, Francia, USA independiente

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